Competencia vs. Colaboración en la educación

La inclusión de las TIC en el proceso escolar ha generado un número grande de nuevas experiencias para muchos docentes y para muchas instituciones. Está por ver todavía si los resultados son los esperados o esto es solo una burbuja de moda impulsada por las grandes industrias tecnológicas. Hasta ahora, los números no son del todo concluyentes.
Los docentes han tenido que hacer un esfuerzo grande para capacitarse e ingresar al mundo y a la lógica de las nuevas tecnologías, pensando que nuestros alumnos se mueven como peces en el aula (perdón, ¡en el agua!) con sus celulares, tablets o notebooks. En especial los que son de las generaciones que se formaron antes de la llegada de Internet han realizado una tarea de conversión que en muchos casos es difícil o no llegan a comprender en profundidad la esencia de los cambios sociales y culturales.
El proceso sigue en marcha y el sistema se va transformando de a poco.
La cuestión es que la transformación es imparable y más nos valdría preguntarnos por qué ¿De dónde proceden los cambios? ¿A quién benefician? ¿Cuáles son los campos en los que se espera que formemos en el uso de las tecnologías?

Resistencias interna

Desde dentro del sistema educativo se pueden encontrar por los menos tres focos de resistencia a la transformación.
En primer lugar, la falta de infraestructura. Aunque no es fácil  hacer modificaciones a escala regional o nacional, es cierto que la instalación de equipos y la puesta en funcionamiento de las redes es lenta. En escuelas de gestión estatal y pública se pueden encontrar los mismos problemas, aunque quizás por diferentes razones. Una vez que se ha afianzado la cadena hard (insumos, redes, espacios) debemos ver si lo que se necesita es transformar la cadena soft (las personas), usando el lenguaje del marketing
En segundo lugar, los cuerpos docentes tienen una inercia que no les permite aggiornarse a una velocidad significativa. En principio, es entendible porque lo que se necesita para este cambio es un revolución de paradigma (como hubiera dicho el viejo Khun) en la educación porque las nuevas tecnologías están transformando la forma de percibir el mundo y aprehender el mundo. 
Los profesores y maestras recién recibidos tienen una mayor capacitación pero también tenemos que entender que a nivel profesorado el cambio es lento y los mismo formadores de docentes son parte de esta inercia. Los espacios curriculares relacionados con las tecnologías han sido incluidos hace relativamente poco en los planes de estudio de las carreras. 
En mi experiencia, puedo ver que muchos de mis colegas del profesorado que ocupan estas cátedras vienen del ámbito de la computación y tienen una mirada mucho más técnica que la de los que venimos de la ciencias sociales. Por ende, la forma de enseñar el uso de las tecnologías en el aula es bastante diferente.
Hay que agregar que en en América Latina, la capacitación corre, muchas veces por cuenta y cargo del docente, y sus tiempos libres.
En tercer y último lugar, estamos descubriendo que los famosos "nativos digitales" no lo son tal como nos lo habían contado. Si bien la lógica de lo digital está mejor aprehendida en las generaciones nuevas de niños, no han demostrado muchas destrezas en el uso de las herramientas que tienen en su poder.
Pero lo dicho hasta aquí pertenece al ámbito de los que somos actores del quehacer educativo, por lo menos, en lo institucional. Estos factores son pasibles de ser abordados por los educadores y los alumnos y es de esperar de que con el tiempo, podamos revisarlos.
Lo más preocupante es lo que viene de afuera.

Resistencias externas

El trabajo colaborativo o cooperativo es quizás una de las experiencias educativas que más se han enriquecido con la llegada de las TIC a la escuela. Algunas ideas que se desarrollaban en forma aisladas pudieron potenciarse para enriquecer el trabajo en el aula y potenciar lo valores individuales.


El Aprendizaje cooperativo es un enfoque que trata de organizar las actividades dentro del aula para convertirlas en una experiencia social y académica de aprendizaje.
Se pretende que los alumnos trabajen en grupo para realizar las tareas de manera colectiva. Es una manera de no solo lograr su propio aprendizaje sino acrecentar el aprendizaje de los demás. Para que esto ocurra los alumnos deben estar mutuamente comprometidos y asumir una interdependencia no competitiva. Además requiere una responsabilidad individual para lograr un trabajo final. Este no es solo una la simple yuxtaposición de información sino una elaboración, reformulación y construcción conjunta entre los participantes.
En el aprendizaje colaborativo el trabajo grupal apunta a compartir la autoridad, a aceptar la responsabilidad y el punto de vista del otro, a construir consenso con los demás. Requiere llegar al consenso a través de la cooperación entre los miembros del grupo.
Para lograr este tipo de aprendizaje el docente debe diseñar cuidadosamente la propuesta, definir los objetivos, los materiales de trabajo, dividir el tópico a tratar en subtareas, oficiar de mediador cognitivo en cuanto a proponer preguntas esenciales y subsidiarias que realmente apunten a la construcción del conocimiento y no a la repetición de información obtenida y, finalmente, monitorear el trabajo resolviendo cuestiones puntuales individuales o grupales.

Hoy muchas aplicaciones permiten trabajar de manera colaborativa, como Google Drive, por poner un ejemplo. Las condiciones están dadas para fortalecer este tipo de interrelación y productividad.
La diversidad puede aprovecharse ser puesta en juego y el aporte de cada uno desde sus capacidades y sus inclinaciones suman o multiplican para la construcción de un nuevo modelo escolar de diversidad e inclusión.

El problema se da en que podemos adoptar esta política en nuestras clases pero desde fuera se sigue bombardeando desde los medios con mensajes de competitividad, fuerza, ser el primero, ser el mejor... Siempre, de manera individual. Esta lógica siempre está ligada a los intereses del mundo de lo laboral

El cine sigue aportando modelos de competitividad. Las películas de Hollywood dirigidas a adolescentes tienen como punto principal de sus tramas, una competencia: De baile, de ciencia, de deporte, de teatro, de campamento, de salto de soga, etc. Ejemplos como éstos no suman. Es que se trata de la reproducción del modelo individualista capitalista en el que un hombre o mujer puede mediante la competencia puede lograr su identidad y su lugar en el mundo (mercado).

Son famosas las palabras de Bill Gates y sus 11 reglas para el éxito de los estudiantes. Al respecto de este tema
  • Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.
  • En la escuela pueden haber eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores porque ya no se pierden los años escolares y te dan oportunidades hasta que encuentres la respuesta correcta para que todo te sea más fácil, pero en la vida real eso no ocurre y no tiene ninguna semejanza, si te equivocas, te cuesta y sí pierdes.
Sean realemente de Bill Gates o no, estas palabras han tenido mucha aceptación y se replican viralmente en la web y en las escuelas.

La pregunta que debemos hacernos es si estamos haciendo bien en preparar a nuestros niños en un sistema inclusivo y de colaboración. Da la impresión de que los estamos formando en un mundo y un sistema que no existe y que, a la larga se los va a fagocitar y el desaliento terminará por dejar a muchos afuera, de todas maneras.
¿Es verdad que el mundo es todo competitivo? ¿Es verdad que no podemos ser tan idealistas de intentar formar para otro tipo de mundo?
La respuesta no es fácil porque es verdad que la realidad después de la escuela es que las personas no se encuentran en entornos amigables que le dan su tiempo y que respetan su forma de ser y sus capacidades propias. Tampoco hay tutores o consejeros de aula para darles una mano. Nuestro sistema es bastante cruel.
Pero, es en estos momentos de cambio en el paradigma cuando se produce la oportunidad de formar otro tipo de personas para otro tipo de mundo, que sea un poco más tolerante, cuando no inclusivo. 
Los docentes debemos ejercer nuestro derecho de ser idealistas para por lo menos intentar formar un futuro diferente. Por lo menos decir que tratamos, pero sin ser ingenuos, de dar herramientas para un desempeño cabal como ciudadanos, trabajadores, prójimos. Para reclamar una educación que no se ajuste solamente a los requerimientos del trabajo, sino de una vida integral.
Te invito a aportar tu opinión aquí debajo en los comentarios sobre tu visión o experiencia en este tema.
Quiera Dios que encontremos el espacio para esta tarea.

Darío Acosta

2 comentarios:

M. Cortés dijo...

El trabajo colaborativo, en mi opinión, es más enriquecedor cuando lo orientamos a la experiencia colaborativa en si, y no a un producto final.

Docente Dospuntocero dijo...

Gracias por tu comentario

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