Año nuevo del docente

No sé por qué tenemos la sensación de que algo cambia, que al sonar las 12 campanadas de la noche del 31 de diciembre nace un nuevo ciclo. No entiendo por qué  no sentimos lo mismo todas las noches del año. Pero no podemos escapar a esta fiesta colectiva del comenzar otra etapa. 

Nos ponemos a pensar en lo pasado y lo porvenir y a replantearnos el trabajo que hacemos. Que pronto estaremos nuevamente rodeados de niños o adolescentes en nuestras aulas y que, como todos los años daremos las clases como lo hemos hecho antes y como si fuera la primera vez al mismo tiempo. Porque "las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado, y las palabras del próximo año esperan otra voz", como escribió T. S. Elliot.

Hace un tiempo una colega joven me preguntó por qué seguía dando clases, porque estaba muy desanimada  con su trabajo y con la falta de logros con sus alumnos. ¿Por qué seguir? ¿Por qué comenzar de nuevo? ¿Este año puede ser distinto? 

Recordé entonces un relato del Maestro, el maestro más grande, que me ayuda a seguir cada año y me tomo el atrevimiento de adoptarlo para nuestra tarea escolar:


Más tarde ese mismo día, Jesús salió de la casa y se sentó junto al lago.
Pronto se reunió una gran multitud alrededor de él, así que entró en una barca. Se sentó allí y enseñó mientras la gente estaba de pie en la orilla.
Contó muchas historias en forma de parábola como la siguiente: «¡Escuchen! Un agricultor salió a sembrar.
A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron.
Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda.
Pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron.
Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes.
Pero otras semillas cayeron en tierra fértil, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!
Todo el que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».
Mateo 13:1-:9
 
Nuestro trabajo es sembrar. No todos darán los mismo frutos, pero los que tenemos años en la tarea de enseñar sabemos lo reconfortante que es ver, con el tiempo, a hombres y mujeres que pasaron por el aula y hoy, ya maduros, llevan adelante sus vidas. Y nosotros sabemos, en nuestro interior y aunque no se den cuenta, que algunas de las semillas de lo que viven hoy las sembramos nosotros. Ése es el mayor premio que tenemos, y lo que nos da aliento para comenzar el año con nuevas fuerzas, con la vista en el futuro. Porque esto somos, sembradores del futuro.

Que tengas un gran año.

Darío

3 comentarios:

Salvador Vega dijo...

Que razón! Bonitos sentimientos que despiertan estas palabras!! ;)

http://maestrillo-sin-librillo.blogspot.com

Dina Acosta dijo...

muy cierto! excelente parábola!

Dina Acosta dijo...

muy cierto! Excelente parábola, es verdad un año nuevo nos da esperanzas de lograr lo que en en el anterior no logramos.

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